JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico »El contacto de un hierro candente no me hubiera arrancado un grito más doloroso.
»—¡Dios mÃo!, matadme, matadme», —grité.
«Se desmayó mi padre, mientras mi madre se arrastraba desesperada por el suelo.
»Sólo me quedaba ya la esperanza de que en un acceso de furor me asesinase uno de los bandidos que habÃan perdido, con el cuchillo que empuñaban sus crispadas manos, y ya deseaba e invocaba el golpe que debÃa poner fin a mi vida, cuando un hombre a caballo apareció en la senda.
»Ciertas palabras que pronunció en voz baja fueron suficientes para que el centinela le dejase pasar, trocando con él una seña.
»Entonces aquel hombre de mediana estatura, rostro imponente y atrevida mirada, continuó avanzando sereno y tranquilo al paso de su cabalgadura, y se paró al llegar frente a mÃ.
»El que cogiéndome en brazos habÃa ya echado a andar conmigo, volvió la cabeza al primer silbido que dio aquel hombre, con el pito que servÃa de puño a su latiguillo.
»Tan pronto como le vio me dejó caer al suelo.
»El desconocido le llamó.