JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico »Como el bandido dudase, el recién llegado formó un ángulo con su brazo, y se puso sobre el pecho dos dedos abiertos. El facineroso se aproximó como si aquella seña equivaliese a la orden de un amo omnipotente.
»Inclinóse el desconocido y pronunció en voz baja esta palabra:
»—Mac.
»Fue lo único que dijo: puedo asegurarlo, pues yo miraba como se mira la cuchilla destinada a matarnos, y escuchaba como se escucha la palabra que va a darnos o quitarnos la vida.
»—Benac —respondió el bandido.
»Y se acercó a mà rugiendo como el león, que se ve vencido, desató el cordel que sujetaba mis muñecas, y marchó a hacer lo mismo con mis padres.
»Llegaron entonces todos a dejar sobre una piedra el dinero que ya se habÃan repartido. No faltó un solo escudo.
»VolvÃa yo a la vida entretanto en los brazos de mi padre y de mi madre.
»—Ahora… retiraos —dijo el desconocido a los bandidos.
»Estos obedecieron y desaparecieron, internándose por las malezas del bosque.
»—Lorenza Feliciani —prosiguió nuestro libertador, fascinándome con miradas sobrehumanas—: Estás en libertad y puedes proseguir tu viaje.