JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Es encargado de una misión acerca del rey de Francia, por Su Majestad el rey de Prusia, y solicita conferenciar un momento con Vuestra Alteza Real.
Transcurridos algunos instantes de reflexión, madame Luisa dijo a Lorenza:
—Entrad en ese gabinete.
Obedeció la joven.
—Hermana —continuó la princesa—, decid a ese caballero que pase.
Cerciorada la hija de Luis XV de que estaba bien cerrado el gabinete, se sentó esperando no sin cierta zozobra, el suceso que iba a tener lugar.
Luego volvió la monja precediendo al hombre a quien conocimos el día de la presentación bajo el nombre de conde de Fénix.
El traje que vestía era uniforme prusiano, elegante y majestuoso al mismo tiempo. Sus rasgados y expresivos ojos negros se bajaron a presencia de madame Luisa, pero únicamente para conceder al respeto todo cuanto un hombre, por elevada que sea su posición, debe, como caballero, a una princesa de Francia.
Después los alzó, casi enseguida, como si temiera pecar de humilde, y dijo:
—Agradezco a Vuestra Alteza Real el favor que ha tenido a bien otorgarme; contaba con él de antemano, pues no ignoraba el generoso apoyo que Vuestra Alteza presta a los desgraciados.