JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico »Durante mi sueño me agitaba un terrible pensamiento; al día siguiente debía celebrarse el entierro, y conocía que iba a ser sepultada viva, si algún poder desconocido no venía en mi socorro. Oía una tras otra todas las horas: dieron las nueve, las diez, las once, y el triste tañido vibraba en mi corazón, pues también percibía el clamoreo de las campanas anunciando mi muerte.
»Dios solamente sabe los esfuerzos que hice para vencer aquel sueño glacial, y para deshacer los lazos de hierro que me sujetaban al ataúd: pero al fin se compadeció de mí.
»Sonaron las doce.
»Al oír la primera campanada creí que todo mi cuerpo era sacudido por un movimiento nervioso, semejante al que experimentaba siempre que Acharat se acercaba a mí: una violenta sensación asaltó después mi corazón, y enseguida le vi aparecer en la puerta de la capilla.
—¿Sería espanto lo que experimentasteis en aquel momento? —preguntó el conde de Fénix.
—No, no, fue gozo, éxtasis, porque comprendí que venía a librarme de aquella muerte desesperada que tanto temía. Dirigióse lentamente hacia mi féretro, me miró un instante con sonrisa llena de tristeza, y luego me dijo:
«—Levántate y anda.