JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico »Se rompieron los lazos que sujetaban mi cuerpo; al oÃr aquella voz poderosa, me levanté y salà del ataúd.
»—¿Deseas vivir?», —me preguntó.
«—Sû, —respondÃ.
«—Pues entonces, sÃgueme.
»La enfermera, habituada al fúnebre oficio que desempeñaba al lado de mi ataúd, se habÃa dormido en su silla.
Pasé por delante de ella y seguà al que por segunda vez me libraba de la muerte.
»Cuando llegué al patio quedé extasiada contemplando otra vez ese cielo tachonado de brillantes estrellas que ya no esperaba volver a ver, y sentà el aire fresco de la noche que me halagaba dulcemente.
»—Antes de abandonar este convento —me dijo—, escoged entre Dios y yo. ¿Queréis ser religiosa, o preferÃs seguirme?».
«—Quiero seguiros —contesté».
«—Entonces, venid».
«Llegamos a la puerta del torno: se hallaba cerrada».
«—¿Dónde están las llaves? —me preguntó».
«—En los bolsillos de la hermana tornera».
«—¿Y dónde están estos bolsillos?».
«—Encima de una silla al lado de su cama».