JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico «—Entrad sin ruido en su aposento, tomad las llaves, escoged la de la puerta y traédmela».
«ObedecÃ, y a los cinco minutos nos encontrábamos en la calle.
»Me apoyé en su brazo y nos dirigimos con precipitación hacia la salida de Subiaco. A cien pasos de la última casa, nos aguardaba una silla de posta. Nos metimos dentro y partió a galope.
—¿Os harÃa alguna violencia, os harÃa alguna amenaza, o marchasteis voluntariamente? —preguntó madame Luisa.
No pudo hablar Lorenza.
—Os pregunta Su Alteza Real, si os forcé a seguirme por medio de alguna amenaza o violencia.
—No.
—¿Pero por qué le seguisteis?
—SÃ, confesad por qué me habéis seguido.
—Os he seguido porque os amaba —dijo Lorenza.
El conde de Fénix se volvió hacia la princesa sonriendo triunfalmente.