JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Bueno —dijo—: Es necesario que averigüe dónde va, seguiré a cierta distancia.
DebÃa la princesa ir a cenar a la Muette en compañÃa del rey, del delfÃn, del prÃncipe de Provence, del de Artois; y necesario es decirlo, Luis XV llevó el olvido de su decoro hasta el punto de entregar a MarÃa Antonieta en San Dionisio una lista de los convidados y un lápiz para que borrase los que no le agradaran.
Al llegar la princesa al nombre de madame Du Barry, colocado el último, palidecieron sus labios y comenzaron a temblar convulsivamente; pero, resuelta a seguir las instrucciones de la emperatriz su madre, pidió auxilio a todas sus fuerzas, devolvió la lista al rey diciéndole con sonrisa encantadora, que se consideraba muy dichosa de ser admitida desde luego en la intimidad de su familia.
Ignoraba esto Gilberto, y hasta llegar a la Muette no pudo conocer los coches de la favorita, ni al negro Zamora que iba majestuosamente encaramado sobre su gran caballo blanco.
Afortunadamente habÃa ya anochecido; Gilberto ocultóse tras un árbol y esperó.
Quiso Luis XV que cenaran juntas su nuera y su querida, y se mostró extremadamente alegre cuando vio que la princesa acogÃa a madame Du Barry con más agrado aún que en Compiègne.