JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Pero taciturno y pensativo Luis Augusto, retiróse antes de sentarse a la mesa, pretextando un fuerte dolor de cabeza.

Duró la cena hasta las once.

Durante este tiempo, las personas de la comitiva (y forzoso era a la altiva Andrea declarar que era de este número) cenaron entre pabellones, al son de una orquesta que les enviara el rey; mas, como aquellos eran sumamente pequeños, cincuenta caballeros hubieron de cenar en mesas colocadas sobre el césped, servidas por cincuenta criados de palacio.

Gilberto, que continuaba oculto y que nada perdía de aquel espectáculo, sacando de su bolsillo un pedazo de pan que compró en Clichy la Garenne, cenó también sin dejar de vigilar a los que marchaban.

Terminada la cena, la princesa se asomó al balcón para despedirse de sus huéspedes. Colocóse Luis XV a su lado, y madame Du Barry, cuyo tacto admiraban hasta su más encarnizados enemigos, permaneció en el interior de la habitación para no ser vista.


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