JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Pero eso no es amor!, ¡no es amor! —repitió la joven levantando con desesperación sus brazos al cielo.
—¡Oh!, sà es amor… pero amor santo y puro, como el que se debe tributar a una virgen.
La joven, con un brusco movimiento, desató las largas trenzas de su negra cabellera: su brazo tan blanco y nervioso al mismo tiempo se dirigió amenazador hacia el conde.
—¿Qué has dicho? —exclamó con voz breve y desolada—. ¿Por qué me has obligado a abandonar mi patria, mi nombre, mà familia, y hasta mi culto? Porque mi Dios no es el tuyo. ¿Por qué me has acercado a ti y has tomado sobre mà ese imperio absoluto, que me hace tu esclava? ¿Por qué has ligado mi vida a la tuya? ¿Para llamarme después la virgen Lorenza?
No pudo contener Balsamo un doloroso suspiro, que le arrancó el intenso dolor de aquella mujer desesperada.