La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El duque permaneció un instante mudo, y se pudo ver cómo goteaba el sudor de su frente.
—Ya te lo habÃa dicho —dijo el presidente.
Pero en vez de contestar simplemente «Juro», como lo hizo en el otro párrafo, el duque, cual si hubiera querido privarse de todo medio de retroceder, repitió con voz sombrÃa:
—Juro romper los lazos carnales que me unen aún con padre, madre, hermanos, esposa, parientes, amigos, querida, reyes, bienhechores, y cualquiera otra persona a quien hubiera prometido fe, obediencia, agradecimiento o servicio.
El presidente se volvió hacia los hombres enmascarados, que se miraban entre sÃ, y viéronse brillar sus ojos como relámpagos a través de las aberturas de sus caretas. El presidente se volvió hacia el prÃncipe.
—Luis Felipe José, duque de Orleáns, a partir de este instante quedas relevado del juramento hecho a la patria y a las leyes; pero no olvides una cosa, y es que si nos vendes, el rayo no te herirá tan pronto, donde quiera que te halles, como el cuchillo invisible e inevitable. Y ahora, vive en el nombre del Padre, del Hijo y del EspÃritu Santo.
Y con la mano, el presidente mostró al prÃncipe la puerta de la cripta, que se abrió delante de él.