La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Por lo demás, hacéis bien, porque estoy de guardia en las TullerÃas.
—¡Ah, ah! —exclamó Mirabeau entristeciéndose—, veréis a la Reina.
—Probablemente. ¿Tenéis algún mensaje para ella?
Mirabeau sonrió con amargura.
—No me tomaré semejante libertad, doctor, y ni siquiera la digáis que me habéis visto. —¿Por qué?
—Porque os preguntará si he salvado la monarquÃa, como prometà hacerlo, y deberÃais contestar negativamente. Por lo demás —añadió—, tanto es culpa mÃa como suya.
—¿No queréis que la diga que vuestro exceso de trabajo y vuestra lucha en la tribuna os matan?
Mirabeau reflexionó un instante.
—Sà —contestó—, decid eso, y hasta añadid que me hallo más enfermo de lo que estoy realmente.
—¿Por qué?
—Por nada… por curiosidad, para explicarme alguna cosa…
—Sea.
—¿Me prometéis esto, doctor?
—Os lo prometo.
—¿Y me repetiréis lo que ella haya dicho?
—Sus propias palabras.
—Bien… adiós, doctor, gracias mil veces.