La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —El Rey preguntó si habÃais perdido el apetito.
—¿Y al contestar vos afirmativamente?…
—Os ha compadecido con toda sinceridad.
—¡Buen Rey! El dÃa de su muerte dirá a sus amigos como Leónidas: «Esta noche ceno en casa de Plutón». Pero ¿y la Reina?
—Se ha compadecido de vos también, informándose con interés de vuestra salud.
—Pero ¿en qué términos, doctor? —preguntó Mirabeau, que evidentemente daba mucho valor a la contestación que esperaba de Gilberto.
—Pues en muy buenos términos —dijo el doctor.
—Me habéis dado palabra de repetirme textualmente lo que os dijera.
—¡Oh!, no podrÃa recordarlo palabra por palabra.
—Doctor, no habéis olvidado ni una sÃlaba.
—Os juro…
—Doctor, me habéis dado vuestra palabra. ¿Queréis que os trate de hombre sin fe?
—Sois exigente, conde.
—No puedo remediarlo.
—¿Queréis a toda costa que os repita las palabras de la Reina?
—Una por una.