La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero bien fuese para distraer la atención de Gilberto, o porque daba gran importancia a la cuestión que debÃa seguirse, Mirabeau comenzó por decir:
—¡Ah, sois vos! He sabido que habÃais cumplido una parte de vuestra promesa; ParÃs sabe ya que estoy enfermo, y el pobre Teisch no ha dejado de dar noticias sobre mi salud a mis amigos de diez en diez minutos desde hace dos horas. Los que me quieren vienen a ver si estoy mejor, y tal vez mis enemigos desean averiguar si estoy peor. He aquà lo que hay para la primera parte. ¿Habéis sido tan fiel respecto a la segunda?
—¿Qué querés decir? —preguntó Gilberto sonriendo.
—Bien lo sabéis.
El doctor se encogió de hombros en señal de negativa.
—¿Habéis estado en las TullerÃas?
—SÃ.
—¿Habéis visto al Rey?
—SÃ.
—¿Habéis visto a la Reina?
—SÃ.
—Y ¿les habéis anunciado que bien pronto se verÃan libres de mÃ?
—Les he dicho que estabais enfermo.
—Y ¿qué han contestado?