La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Creéis —replicó el enfermo—, que yo, el que siempre abusó de todo, he tenido este tesoro de vida entre las manos sin abusar también? No; mandé descomponer vuestro licor, querido Esculapio; supe que se sacaba de la raíz del cáñamo indio, y entonces bebí, no tan sólo por gotas, sino por cucharadas, no solamente para vivir, sino para soñar.

—¡Desgraciado, desgraciado! —murmuró Gilberto—, bien sospeché que os daba veneno.

—Dulce veneno, doctor, gracias al cual he duplicado, cuadruplicado y hasta centuplicado las últimas horas de mi existencia; gracias al cual, muriendo a los cuarenta y dos años, habré vivido tanto como un centenario; gracias al cual, en fin, he poseído en sueños todo cuanto se me escapaba en realidad, fuerza, riqueza y amor… ¡Oh!, doctor, doctor, no os arrepintáis, sino, por el contrario, felicitadme. Dios no me había dado más que la vida real, triste, pobre, sin calor, desgraciada, poco apetecible, y que el hombre debería estar siempre dispuesto a devolverle como un préstamo; doctor, yo no sé si debo dar gracias a Dios por la vida; pero sí que debo dároslas por vuestro veneno. Llenad, pues, la cuchara y dádmela, doctor.

Gilberto hizo lo que Mirabeau deseaba, y este saboreó el licor con delicia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker