La Condesa de Charny

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Después los ministros.

Detrás la Asamblea, sin distinción de partidos; Sieyès dando el brazo a Carlos de Lameth.

A continuación de la Asamblea el club de los Jacobinos, como segunda Asamblea nacional; se había señalado por su dolor, probablemente más fastuoso que verdadero; había decretado ocho días de duelo, y Robespierre, demasiado pobre para comprar traje, había alquilado uno, como lo había hecho ya por la muerte de Franklin.

Detrás iba la población de París entera, contenida por dos filas de guardias nacionales cuyo número excedía de treinta mil hombres.

Una música fúnebre cerraba la marcha, oyéndose en ella por primera vez dos instrumentos desconocidos hasta entonces, el trombón y el tantán[31], que marcaban al paso de la inmensa multitud.

Hasta las ocho no se llegó a San Eustaquio, y aquí se pronunció el elogio fúnebre por Cerotti; al decir la última palabra, diez mil guardias nacionales que estaban en la iglesia descargaron sus fusiles a la vez, y la Asamblea, que no esperaba esta descarga, profirió un ruidoso grito. La conmoción había sido tan violenta, que ni un solo vidrio quedó intacto; hubiera podido creerse un momento que la bóveda del templo se iba a derrumbar, y que la iglesia serviría de tumba al ataúd.


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