La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Ahora vamos a ver lo que ocurría el 20 de junio, entre las nueve y las doce y media de la noche, en diversos puntos de la capital.
No sin razón se había desconfiado de madame de Rochereul, pues aunque su servicio terminara el 11, habiendo concebido algunas dudas, encontró medio de volver al palacio y notó que, si bien los estuches de la Reina se hallaban siempre en su sitio, los diamantes faltaban. En efecto; María Antonieta los había confiado a su peluquero Leonardo, el cual debía marchar en la noche del 20, algunas horas antes que su augusta señora, con el señor de Choiseul, jefe del primer destacamento apostado en Pont-de-Sommevelle, y encargado además del cambio de tiro en Varennes, cuyos seis caballos esperaban en su casa, calle de Artois, las últimas órdenes del Rey y de la Reina. Tal vez era algo indiscreto entorpecer al señor de Choiseul con la persona del peluquero, y algo imprudente llevarle consigo; pero ¿qué artista hubiera podido hacer en el extranjero aquellos admirables peinados que Leonardo ejecutaba chanceándose? ¡Qué queréis, cuando se tiene un peluquero hombre de genio, no se renuncia a él fácilmente!
