La Condesa de Charny
La Condesa de Charny De aquí resultó que la doncella del señor delfín, sospechando que la marcha se había fijado para el lunes 20 a las once de la noche, dio aviso, no solamente a su amante el señor de Gouvion, sino también al señor de Bailly.
El señor de Lafayette había ido a buscar al Rey para explicarse francamente con él sobre aquella denuncia; mas el soberano se encogió de hombros.
El señor de Bailly hizo más: mientras que Lafayette quedaba ciego como un astrónomo, Bailly se hacía cortés como un caballero y había enviado a la Reina la misma carta de la señora de Rochereul.
El señor de Gouvion, en quien se había influido directamente, era el único que conservaba las más persistentes sospechas; avisado por su querida atrajo a su casa, bajo pretexto de una reunión militar, a una docena de oficiales de la guardia nacional; apostó cinco o seis centinelas en varias puertas, y él mismo con otros cinco se encargó de vigilar las puertas de la habitación del señor de Villequier, más particularmente señaladas a su atención.