La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Charny galopaba al lado de la portezuela.

En la posta inmediata hallaron preparados todos los caballos, excepto el del señor de Charny, porque Isidoro, ignorando que su hermano pudiese necesitarlo, no lo había encargado. Esto causó un nuevo retardo, pero el coche partió, y cinco minutos después Charny estaba ya montado: además, se había convenido que este seguiría, pero no escoltaría el coche.

Siguióle, pues, de modo que la Reina pudiese verle cuando sacaba la cabeza por la portezuela, y para poder llegar a todas las casas de postas con tiempo suficiente para hablar alguna cosa con los ilustres viajeros.

Charny acababa de cambiar de caballo en Montmirail y creía que el coche le aventajaba tan solo en un cuarto de hora, cuando al doblar la esquina de una calle, su caballo dio de hocicos contra el coche detenido y los dos guardias que trataban de arreglar una correa.

El conde se apea al punto, pasa la cabeza por la portezuela, para recomendar al Rey que se oculte y a la Reina que no se inquiete, y después abre una especie de cofre donde están todos los útiles y objetos necesarios para un accidente cualquiera; se encuentran dos tiros nuevos y se toma uno para sustituir al que se ha roto.


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