La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Charny contó cómo había llegado a París y encontrado, en la calle de la Echelle, la patrulla de los patriotas que le interrogaron, y a los que él dejó convencidos de que el Rey estaba acostado y durmiendo.

Después dijo cómo había subido a su cuarto, luego que llegó a Palacio; que estaba todo tranquilo como en tiempo ordinario; que cambió de traje, que volvió a bajar por los corredores del Rey, y que se había cerciorado de que nadie sospechaba la fuga, ni aun el señor de Gouvion, quien viendo que los centinelas que él había colocado en las inmediaciones del cuartel del Rey no servían de nada, los retiró y envió a los oficiales y jefes de batallón a descansar a sus casas respectivas.

Que entonces volvió a tomar su caballo, que al cuidado de un criado había dejado en el patio, y que pensando que sería muy difícil obtener en la casa de postas de París un relevo, volvió a Bondy en el mismo caballo; y que este desdichado llegó casi cojo, pero al fin llegó, que era lo que se necesitaba.

Que en Bondy tomó otro caballo y continuó en él su camino, sin que en este hubiese la menor indicación sospechosa.

La Reina halló el medio de alargar la mano a Charny, pues tan buenas noticias merecían muy bien semejante favor.

El conde besó respetuosamente la mano, y todos subieron al coche, que continuó la ruta.


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