La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¿Qué cortejo?
—¡Toma! El del Rey, la Reina y el DelfÃn, que vuelven a ParÃs, en compañÃa de las señoras del mercado y de doscientos individuos de la Asamblea, bajo la protección de la guardia nacional y del señor de Lafayette.
—¿Conque ha resuelto el ciudadano volver a ParÃs?
—Ha sido forzoso.
—Ya lo sospeché yo a las tres de la madrugada, cuando marché a ParÃs.
—¡Ah, ah! ¿Habéis marchado a las tres de la madrugada, saliendo de Versalles por curiosidad, a fin de saber lo que iba a pasar?
—Sà tal; bien deseaba enterarme de lo que sucederÃa al ciudadano, tanto más cuanto que, sin elogiarme, se trata de un conocido mÃo; pero ya comprenderéis que el trabajo se antepone a todo; uno tiene mujer e hijos, y es preciso darles de comer, sobre todo ahora, que no se tendrá más la fragua real.
El desconocido dejó pasar las dos alusiones sin recogerlas.
—¿Conque era un trabajo urgente el que habÃais de ejecutar en ParÃs? —insistió.