La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Capítulo LXXXVII

Diez minutos después de la salida de Isidoro de Charny, llegó el coche del Rey. La multitud se había retirado, precisamente como lo había previsto el duque de Choiseul.

El conde de Charny, sabiendo que en Pont-de-Sommevelle debía encontrar el primer destacamento, no creyó urgente quedarse atrás y galopaba al lado del coche, apurando a los postillones, que parecían tener encargo de caminar despacio.

El Rey, que al llegar al pueblo no vio a los húsares ni al duque de Choiseul, asomó con alguna inquietud la cabeza por la portezuela.

—¡Señor, por Dios —dijo Charny—, no os dejéis ver! Voy a informarme de lo que pasa.

Y en seguida entró en la casa de postas.

El Rey comprendió que el duque se había retirado para dejar el paso libre.

Lo que importaba era salir al camino y llegar a Sainte-Menehould, donde, sin duda alguna, el señor de Choiseul se había replegado; de modo que allí se hallarían reunidos los dragones y los húsares. En el instante de partir, Charny se acercó a la portezuela y dijo:

—¿Qué dispone Vuestra Majestad, señora? ¿Debo adelantarme o quedarme atrás?

—No os separéis de mí —contestó la Reina.


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