La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Quiere decir que muy pronto hará quince años que nacisteis, en la habitación donde nos hallamos ahora, y que bendigo la misericordia del Señor, que al cabo de este tiempo te ha vuelto a traer tan milagrosamente!
—¡Oh!, sÃ, milagrosamente —contestó Sebastián—, pues si no hubiese temido por la vida de mi padre, no habrÃa marchado solo y de noche para venir a ParÃs; a no ser por esto, no me hubiera visto apurado para saber cuál de los dos caminos debÃa tomar, ni hubiese interrogado, al paso, al señor Isidoro dé Charny; el Vizconde no me hubiera reconocido, proponiéndome entonces venir a ParÃs con él, para conducirme después al palacio de las TullerÃas, y yo no os hubiera visto en el momento de atravesar el salón Verde, no os hubiera reconocido, ni corrido, en vuestro seguimiento; y no hubiera podido, en fin, llamaros madre, palabra muy dulce y tierna de pronunciar.
Al oÃr las palabras de Sebastián: «Si no hubiese temido por la vida de mi padre», Andrea sintió oprimirse su corazón; cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás.