La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Dice, señor, que el hijo del maestro de postas de Sainte-Menehould os ha reconocido; que está seguro de ello por haberlo visto con un asignado en la mano, asegurándose de la semejanza de vuestro retrato por la confrontación con vos mismo; que su hermano, a quien previno, se quedó atrás, y que sin duda ocurre algo grave en este momento, pues no vuelve el señor de Charny.
—Pues si nos han reconocido, razón de más para darnos prisa. Señor Isidoro, dad prisa a los postillones, y marchad delante…
El caballo de Isidoro estaba dispuesto; el joven saltó sobre la silla y gritó a los postillones:
—¡Camino de Varennes!
Los dos guardias de corps sentados en el pescante, repitieron: «¡Camino de Varennes!».
El señor de Damas retrocedió saludando respetuosamente al Rey, y los postillones arrearon sus caballos.
El tiro se habÃa cambiado en un abrir y cerrar de ojos, y el carruaje se alejó con la rapidez del relámpago.
Al salir de la ciudad, se cruzó con un sargento de húsares que entraba en ella.