La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero apenas había andado cien pasos en aquella selva que no conocía, cuando su caballo cayó en una zanja; Charny, desprevenido, cae por la cabeza del animal; levántase, salta de nuevo a la silla… ¡Drouet había desaparecido!
De este modo pudo escapar a Charny; de este modo pudo atravesar el camino y mandar a los postillones que conducían al Rey no diesen un paso más.
Los postillones se han detenido, porque Drouet los ha conjurado en nombre de la nación, que comienza a ser más poderoso que el del Rey.
Apenas Drouet se interna en la parte baja de la ciudad y empieza a perderse el galope de su caballo, óyese el de otro que se acerca.
Es el de Isidoro, que aparece por la misma calle que Drouet había tomado.
Las noticias que trae son las mismas que había dado el señor De Prefontaine.
Los caballos del señor de Choiseul y los caballeros de Bouillé y de Raigecourt están al otro extremo de la ciudad, en la posada del Gran Monarca.
El tercer oficial, señor de Rohrig, está en el cuartel con los húsares.
Así se lo había dicho, como cierto, un mozo de café que cerraba su establecimiento.