La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Aceptamos las ofertas de la señora de Sausse —se apresuró a decir—, y subiremos al piso principal.
Sausse tomó una luz y subió el primero la escalera, para mostrar el camino a sus ilustres huéspedes.
Durante este tiempo la noticia de que el rey estaba en Varennes, y que él mismo lo habÃa confesado, corrÃa de boca en boca y se propagaba con rapidez por las calles de la ciudad.
Un hombre entró despavorido en el Ayuntamiento.
—Señores —dijo—, los viajeros detenidos en casa del señor de Sausse son, efectivamente, el rey y la familia real… Acabo de oÃrselo confesar al mismo rey.
—¿No os lo decÃa yo, señores? —exclamó Drouet.
En aquel momento se oÃa gran ruido en toda la ciudad, juntamente con el toque de rebato y de generala, que no habÃa cesado.
¿Cómo, pues, tantos rumores diferentes no atrajeron al centro de la ciudad, y al lado de los fugitivos, al señor de Bouillé[37], al de Raigecourt y a los húsares que estacionaban en Varennes, para esperar al rey?
Vamos a decirlo.