La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —El Ayuntamiento —dijo—, no se niega a dejarme pasar; me pide solamente que espere aquà hasta el amanecer. No hablo del conde Charny, cuya adhesión por nosotros es completa, y de quien nada sabemos; pero los señores de Bouillé y de Raigecourt marcharon, según me han asegurado, diez minutos después de mi llegada, para prevenir al marqués de Bouillé y hacer marchar las tropas, que indudablemente estarán prevenidas. Si yo estuviese solo, seguirÃa vuestro consejo, y pasarÃa; pero la Reina, mis dos hijos, mi hermana, esas señoras, es imposible se arriesguen tanto con la poca gente que tenéis, y de la cual es menester aún desmontar una parte; porque no partiré de modo alguno dejando aquà mis tres guardias de corps.
Y miró su reloj.
—Van a dar las tres… el joven Bouillé partió a las doce y media… su padre ha escalonado sin duda tropas de distancia en distancia; las primeras serán advertidas por el caballero y llegarán sucesivamente. De aquà a Stenay hay ocho leguas; un hombre puede andarlas fácilmente a caballo en dos horas o dos y media: en la noche, pues, pueden llegar destacamentos, y el marqués mismo puede estar aquà a las cinco o las seis: entonces, sin peligro ninguno para mi familia, sin violencia alguna, saldremos de Varennes y continuaremos nuestro viaje.