La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Si tal desventura ocurriese, señor —contestó el duque—, y ocurriese porque Vuestra Majestad hubiera seguido mi consejo, no tendrÃa más que matarme a vuestra vista.
—Pues bien; en vez de dejarnos llevar de esos proyectos extraños, razonemos con frialdad.
La Reina suspiró y dio tres o cuatro pasos hacia atrás.
En este momento, en que no disimulaba en manera alguna su sentimiento, encontró a Isidoro que, atraÃdo por el ruido de la calle, y esperando siempre que el ruido fuese ocasionado por la llegada de su hermano, se habÃa acercado a la ventana.
MarÃa Antonieta e Isidoro cambiaron dos o tres palabras, y este salió precipitadamente de la alcoba.
El Rey continuó, sin apercibirse al parecer de lo que acababa de pasar entre la Reina e Isidoro.