La Condesa de Charny
La Condesa de Charny La Reina, sin embargo, mostraba perfectamente en su mirada el poco crédito que daba a esta promesa. Así el señor de Choiseul decía al de Damas, al de Floirac y al señor Foucq, que lo habían seguido, así como también a los dos guardias de corps:
—No nos detengamos, señores, en la aparente tranquilidad del rey y de la reina; la cuestión no es desesperada; pero considerémosla tal como es.
Los oficiales hicieron seña de que escuchaban, y de que podía continuar.