La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Y ¿para qué habéis de comprenderme, señor conde? ¿Os pregunto yo, por ventura, las causas de vuestra fidelidad al rey, las de vuestra adhesión a la reina? No; presumo que tenéis vuestras razones para obrar así, y que siendo, como sois, un hombre honrado y prudente, vuestras razones son buenas, o cuando menos, conformes con vuestra conciencia. Yo no tengo vuestra elevada posición, señor conde, ni tampoco vuestro saber; me conocéis o me habéis conocido hombre honrado también y prudente… Suponed, pues, que, como vos, yo tengo mis razones, si no buenas, conformes con mi conciencia al menos.
—Billot —replicó Charny, que ignoraba completamente los motivos de odio que el labrador podía tener contra la nobleza o la monarquía—, os he conocido, y no hace aún mucho tiempo, bien diferente de lo que sois hoy.