La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El dÃa empezaba a despuntar entre las dos y las tres. Durante aquellas seis mortales horas de espera, el más leve rumor que llegaba a sus oÃdos, bien aproximándose, bien alejándose, llevábales la esperanza o la desesperación; al salir el sol, la reducida tropa desesperaba ya.
El marqués pensó que habÃa ocurrido algún accidente; pero ignorando cuál fuese, dio orden de volver a Stenay, a fin de poderle prevenir en lo posible, hallándose enmedio de sus fuerzas.
Montaron, pues, otra vez a caballo, y encamináronse al paso hacia Stenay.
Hallábanse ya casi a un cuarto de legua de la ciudad, cuando el señor Luis de Bouillé, al volverse, divisó a lo lejos, en el camino, el polvo que levantaba el galope de varios caballos.
Hicieron alto y esperaron.
A medida que los nuevos jinetes se acercaban, creÃase reconocerlos, y la duda desapareció bien pronto: eran los señores Julio de Bouillé y de Raigecourt. La reducida tropa salió a su encuentro. En el momento de reunirse, todas las voces de los que esperaban hicieron la misma pregunta, y todas las de los recién llegados daban la misma respuesta:
—¿Qué ha ocurrido?
—El rey ha sido detenido en Varennes.