La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Los caballos están muy cansados, pero no importa; se sostendrá el paso, han recibido un abundante pienso de avena, y los hombres están entusiasmados con los discursos y los luises del señor de Bouillé; el regimiento avanza como un huracán a los entusiastas gritos de «¡Viva el rey!».
En Crépy encuentran un sacerdote; es constitucional, y al ver toda aquella tropa que se precipita hacia Varennes, exclama:
—¡Corred, corred, que por fortuna llegaréis demasiado tarde!
El conde de Bouillé le oye y precipÃtase sobre él con el sable levantado.
—¡Desgraciado! —le grita su padre—, ¿qué haces?
En efecto, el joven conde comprende que amenaza matar a un hombre indefenso, y que es un eclesiástico —doble crimen—; retira el pie del estribo y con la bota descarga un golpe en el pecho del sacerdote.
—¡Llegaréis demasiado tarde! —repite el eclesiástico rodando por tierra.
Se continúa la marcha maldiciendo al profeta de desgracias.
Pero poco a poco se acercan al fuego de fusilerÃa.