La Condesa de Charny
La Condesa de Charny »La Reina hizo un movimiento.
»—SÃ, digo que me extraña que vuestra mejor amiga se haya separado de vos en semejante momento.
»—A mà me parece —repuso la Reina—, que no tenÃa buen alojamiento.
»—Sin duda era malo; pero tenÃamos intención de proporcionarle otro mejor, es decir, habitaciones para ella y para el Conde. ¿No es verdad, señor de Charny, que no habrÃais sido difÃcil de contentar?
»—Señor —contesté—, el Rey sabe que siempre estaré satisfecho en el lugar que me señale, con tal que en él tenga ocasión de servir a mi soberano.
»—¡Ya lo presumÃa yo! —exclamó el Rey.
»—¿Con que la condesa de Charny se ha retirado? ¿Y adónde, señora?
»—Lo ignoro.
»—¡Cómo! ¿Al separarse vuestra amiga de vos no le preguntasteis adónde iba?
»—Cuando mis amigos me abandonan, los dejo libres de ir adonde quieran, y no cometo la indiscreción de preguntarles adonde van.
»—¡Bueno! —me dijo el Rey—, estos son enojos de mujer… Señor de Charny, necesito decir algunas palabras a la Reina; id a esperarme en mi habitación, y allà me presentaréis a vuestro hermano. Esta misma noche marchará a TurÃn, pues soy de vuestro parecer, caballero; os necesito y os conservo».