La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Una puerta invisible… Imaginaos una casa dentro de otra; cualquiera que tuviese interés en ocultarse, puede estar o no estar; el criado abre la puerta, preguntan por su señor, y responde que no está. «SÃ, que está, replica el visitante. ¡Pues bien, buscadle!». Se hace asÃ; pero yo desafÃo a cualquiera a encontrar al señor. Una puerta de hierro encaja perfectamente en una moldura, y por ella se escapa. Ahora trátase de cubrir todo esto con madera vieja de encina, y será imposible distinguir entre la madera y el hierro.
—SÃ, pero ¿y golpeando encima?…
—¡Bah!, una plancha de madera sobre una hoja de hierro de una lÃnea, aunque bastante gruesa, para que el sonido sea igual en todas partes… tac… tac… tac… tac… Una vez acabada la cosa, yo mismo me engañaba.
—¿Y dónde diablos habéis ido para hacer eso?
—¡Ah!, esta es la cuestión.
—¿No queréis decirlo?
—Es que no puedo, atendido que no lo sé.
—¿Os han vendado los ojos?