La Condesa de Charny
La Condesa de Charny HabÃa vivido tan de prisa desde tres dÃas antes; habÃa vivido, por decirlo asÃ, tan fuera de sà mismo; habÃa vivido tanto para los demás, que no le pesaba poder abandonar el dolor de los otros para entregarse al suyo propio.
Charny era un caballero de los tiempos antiguos; un hombre entregado sobre todo a la familia; adoraba a sus hermanos, de quienes era un padre más bien que hermano mayor.
A la muerte de Jorge su dolor fue excesivo, pero a lo menos pudo mezclar ese dolor con las lágrimas que derramó arrodillado en el pequeño y sombrÃo patio de Versalles, al lado de su cadáver; le quedaba aún el segundo hermano, Isidoro, en quien concentró toda su afección; en Isidoro, a quien si era posible, amaba todavÃa más, principalmente, desde los tres o cuatro meses que habÃan precedido a su marcha, y desde que le sirvió de intermediario con Andrea. Ya hemos procurado, si no hacer comprender, a lo menos explicar el singular misterio de ciertas almas a quienes la separación anima más y más, almas que, en la ausencia, hallan nuevo alimento con los recuerdos.
Cuanto menos Charny veÃa a Andrea, tanto más pensaba en ella; y para él, pensar más y más en Andrea, era amarla cada vez más.