La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Debemos grandes favores a ese joven, señora —añadió la reina, consintiendo, aunque no fuera esta su costumbre, en darle explicación de su pensamiento.
—Pero me parecÃa, señora —se aventuró a decir la camarera—, que el señor de Barnave era demócrata, un hombre del pueblo a quien todos los medios habÃan parecido buenos para llegar a donde se halla.
—Todos los medios que ofrece el talento sÃ, señora, es verdad —contestó la reina—; pero recordad bien lo que voy a deciros: yo dispenso a Barnave, porque un sentimiento de orgullo que no puedo censurar le ha hecho aplaudir todo cuanto allanaba el camino de los honores y de la gloria para la clase en que nació. Nada de perdón para los nobles que se hicieron revolucionarios; pero si volvemos a estar en el poder, Barnave tiene concedida su gracia de antemano… Retiraos ahora, y tratad de obtener noticias sobre los señores de Malden y de Valory.
El corazón de la reina agregaba a estos dos nombres el del conde; pero sus labios se resistieron a pronunciarlo.
A poco se le dio aviso de que su baño estaba preparado.