La Condesa de Charny
La Condesa de Charny «Al día siguiente, que era lunes, se llevó al delfín a tomar el aire en el terrado de las Tullerías que da al río; y cuando se divisaba un grupo bastante considerable de ciudadanos, un granadero a sueldo cogía al niño en sus brazos y le sentaba en el reborde de piedra del terrado. El pequeño príncipe, fiel a la lección de la mañana, enviaba besos al pueblo, lo cual equivalía a pedir merced para su papá y su mamá. Algunos espectadores tuvieron la cobardía de gritar: “¡Viva el delfín!”. ¡Ciudadanos, estad alerta contra las zalamerías de una corte corrompida, que se humilla ante el pueblo cuando no es más fuerte!». A estas líneas seguían estas otras: «El 27 de enero de 1649 fue cuando el parlamento de Inglaterra condenó a Carlos I a ser decapitado, por haber querido extender las prerrogativas reales, manteniéndose en las usurpaciones de Jacobo I, su padre; y el 30 del mismo mes expió sus maldades, casi legitimadas por el uso y consagradas por un partido numeroso. Pero la voz del pueblo se había dejado oír; el parlamento declaró al rey fugitivo, traidor y enemigo público, y se cortó la cabeza a Carlos Estuardo delante de la sala de los festines del palacio White-Hall».
¡Bravo!, ciudadano Prudhomme, al menos no os habéis retrasado, y el 21 de enero de 1793, cuando se decapite a Luis XVI, tendréis derecho para reclamar la iniciativa, habiendo propuesto el ejemplo del 27 de junio de 1791.