La Condesa de Charny
La Condesa de Charny La Asamblea luchaba con el señor de Palisse, y a nuestro modo de ver, llevaba la ventaja sobre el ilustre decidor de verdades. ¿Quién hubiera hecho tomar a Francia las costumbres de la república?
¿La monarquía? De ningún modo, pues no era tan estúpida, y además necesita obediencia, servilismo y corrupción y forma las costumbres para esto, así como la república hace adoptar las que le son propias. Tened primero la república, y después vendrán las costumbres que le convienen.
Sin embargo, había habido un momento en que hubiera sido fácil proclamar la república: fue aquel en que se supo que el rey había marchado llevándose al delfín. En vez de correr en su seguimiento y traerlos, se les debían proporcionar los mejores caballos de las cuadras postales, con vigorosos postillones armados de buenos látigos; se debía empujar a los cortesanos tras ellos, obligando a los sacerdotes a seguirles, y después a cerrar la puerta a toda esa gente.
Lafayette, que concebía a veces pensamientos fugitivos como relámpagos, y muy rara vez ideas, tuvo de pronto uno de aquellos.
A las seis de la mañana fueron a decirle que el rey, la reina y la familia real habían marchado; costó mucho trabajo despertarle, pues dormía con ese sueño histórico que ya le habían censurado en Versalles.