La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El traidor no iba a venir, sino que venía, y pudo oír la acusación terrible pronunciada por boca de Danton, pero, como este lo había previsto, tuvo la generosidad de no contestar a ella.
Lameth se encargó de él y extendió sobre la lava de Danton el agua tibia de una de sus pastorales ordinarias, predicando la fraternidad.
Después habló Sieyès y la predicó también.
Luego Barnave, que hizo lo mismo.
Estas tres popularidades acabaron por obtener el triunfo sobre Danton. Se agradeció a Danton haber atacado a Lafayette; pero también se agradeció a Lameth, a Sieyès y a Barnave que le hubieran defendido, y cuando el general y Danton salieron de los Jacobinos, al primero fue a quien se acompañó con hachas y aclamaciones.
El partido de la corte acababa de alcanzar una gran victoria en aquella ovación de Lafayette.
Las dos grandes potencias del día quedaban derrotadas en la persona de su jefe:
Los Jacobinos en Robespierre.
Los Franciscanos en Danton.
Bien veo que es necesario dejar para otro capítulo el decir cuál era aquella protesta que madame Roland copiaba delante de su esposo en un saloncito del tercer piso del palacio Británico.