La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —La prensa es libre —dijeron—, y cada cual, loco o sabio, tiene derecho para emitir su opinión. Despreciemos la obra de un insensato y pasemos a la orden del dÃa.
—Sea, no hablemos más.
Y la Asamblea pasó a la orden del dÃa. Pero la hidra es la que amenaza a los reyes. Mientras que la cabeza cortada crece de nuevo, otra muerde.
No se ha olvidado al hermano del rey ni tampoco la conspiración Favras; separado Luis XVI, el prÃncipe debe ser nombrado regente; pero hoy no se trata ya de eso, porque el prÃncipe ha huido al mismo tiempo que el rey, y más feliz que este ha ganado la frontera.
Pero el señor duque de Orleáns se ha quedado.
Y en compañÃa de su alma condenada, del hombre que le impulsa hacia delante, de Lacios, del autor de las Relaciones peligrosas.
Existe un decreto sobre la regencia, un decreto que se enmohece entre las carpetas. ¿Por qué no se utilizarÃa? El 28 de junio un diario ofrece la regencia al duque de Orleáns —según se ve, Luis XVI no existe ya, aunque haya Asamblea nacional—, y puesto que se ofrece la regencia al duque, es porque no hay rey. Por supuesto que el duque aparenta asombrarse y rehúsa.