La Condesa de Charny
La Condesa de Charny «Acabamos de ver que la ausencia de un rey es mejor para nosotros que su presencia. Ha desertado, y de consiguiente, abdicó. La nación no devolverá jamás su confianza al perjuro, al fugitivo. ¡Poco importa que huyera por su propia inclinación o por la de otro! Pillo o idiota, siempre es indigno. Estamos libres de él y él de nosotros, es un simple individuo llamado Luis de Borbón. En cuanto a su seguridad, es cierto; Francia no se deshonrará nunca con la monarquÃa, y esta ha concluido. ¿Qué es un oficio abandonado a la casualidad del nacimiento, que puede desempeñarse por un idiota? ¿No es la nada? ¿No es el vacÃo?».
Ya se comprenderá, el efecto producido por semejante anuncio, publicado en las paredes de ParÃs. El constitucional Malouet, espantado, entró corriendo y fuera de sà en la Asamblea nacional para denunciar el prospecto y pedir que se detuviese a los autores.
—Sea —contestó Pétion— pero leamos por lo pronto el prospecto.
Ciertamente le conocÃa ya Pétion, uno de los raros republicanos que habÃa entonces en Francia; pero Malouet que le habÃa denunciado, retrocedió ante la lectura. ¡Si las tribunas aplaudieran! Y estaba seguro de que aplaudirÃan.
Dos individuos de la Asamblea, Chabroud y Chapelier, enmendaron la torpeza de su colega.