La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En el instante mismo la borrasca se convierte en tempestad. Un grupo de hombres llega, sin que nadie sepa de qué punto sale. ¿De dónde serían aquellos hombres que mataron a Foullon, a Bertier y a Flesselles? ¿De dónde los que hicieron las jornadas del 5 y 6 de octubre? De las tinieblas, a las cuales vuelven cuando su obra de muerte ha concluido. Aquellos hombres se apoderan del pobre inválido y del infeliz peluquero; el inválido, acribillado a cuchilladas, no se levanta; el otro es arrastrado a un reverbero; le pasan una cuerda al cuello, elévanle a la altura de diez pies, el peso de su cuerpo rompe la cuerda, vuelve a caer vivo, lucha un instante y ve la cabeza de su compañero en la punta de una pica. ¿Cómo había allí precisamente una pica? El infeliz profiere un grito y pierde el conocimiento; entonces le cortan la cabeza y se encuentra a punto otra pica para recibir el sangriento trofeo.
En el mismo instante se experimenta la necesidad de pasear por París aquellas dos cabezas, y los portadores, seguidos de un centenar de bandidos semejantes a ellos y de numeroso populacho, se dirigen cantando por la calle de Grenelle.