La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Señores —dicen entonces los oficiales del Municipio— ¡nos alegramos de conocer vuestras disposiciones, pues nos dijeron que aquà habÃa tumulto y vemos que nos han engañado! No dejaremos de dar cuenta de lo que hemos visto, diciendo qué tranquilidad reina en el Campo de Marte. Lejos de impediros que hagáis vuestra petición, os ayudaremos con la fuerza pública, en el caso de que se trate de perturbaros. Si no estuviésemos ejerciendo funciones firmarÃamos nosotros mismos, y si dudáis de nuestra buena intención, permaneceremos aquà como rehenes hasta que todos los firmantes se hayan inscrito.
El espÃritu de la petición es realmente el de todos, puesto que los mismos individuos de la municipalidad firmarÃan la petición si su condición no se lo impidiese.
Esta adhesión de tres hombres que se adelantaban hacia ellos con desconfianza, suponiéndoles intenciones hostiles, estimula a los peticionarios. En la contienda sin gravedad que acaba de ocurrir entre el pueblo y la guardia nacional se ha detenido a dos hombres, y como sucede casi siempre en semejante circunstancia, ambos son del todo inocentes, por lo cual los más notables peticionarios piden que se les ponga en libertad.
—No estamos autorizados para esto —contestan los delegados del Municipio—; pero nombrad comisarios que nos acompañen al ayuntamiento, y se hará justicia.