La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Entonces se eligen doce comisarios; Billot, nombrado por unanimidad, forma parte de la comisión, y esta se dirige con los tres delegados a la casa Ayuntamiento.
Al llegar a la plaza de la Greve, los comisarios se asombran al ver que está llena de tropa, y penosamente se abren paso a través de aquel bosque de bayonetas.
Billot los guÃa; ya se recordará que conoce la casa Ayuntamiento, pues le hemos visto entrar en ella con Pitou más de una vez.
En la puerta de la sala del consejo, los tres oficiales invitan a los comisarios a esperar un momento; mandan que se les abra la puerta, entran y no vuelven a salir.
Los comisarios esperan una hora.
No se recibe noticia alguna.
Billot se impacienta y golpea el suelo con el pie. De pronto se abre la puerta y se presenta todo el cuerpo municipal con Bailly a la cabeza.
El alcalde está muy pálido; ante todo es matemático y tiene sentimiento exacto de lo justo y de lo injusto; comprende que se le impulsa a cometer una mala acción; pero la orden de la Asamblea está allà y Bailly la cumplirá rigurosamente.
Billot se adelanta hacia él.
—Señor alcalde —dice, con ese tono firme que ya le conocemos—, os esperamos hace más de una hora.