La Condesa de Charny
La Condesa de Charny ¿Quién había dado la orden de hacer fuego? Nadie lo supo; es uno de esos misterios históricos que no se han explicado, a pesar de las más concienzudas investigaciones. Ni al caballeresco Lafayette ni al honrado Bailly les agradaba la sangre; pero esta les persiguió hasta su muerte.
Su popularidad se perdió el mismo día.
¿Cuántas víctimas quedaron en el campo de la matanza? Se ignora, pues los unos disminuyeron el número para atenuar la responsabilidad del alcalde y del comandante general, y los otros le aumentaron para enaltecer la cólera del pueblo.
Llegada la noche se arrojaron los cadáveres al Sena, que, cómplice ciego, los arrastró al Océano, donde todos se perdieron.
Pero en vano Bailly y Lafayette fueron, no solamente absueltos, sino felicitados por la Asamblea y en vano los diarios constitucionales dieron a este acto el nombre de triunfo de la ley, pues semejante triunfo fue vilipendiado como merecen serlo todos esos desastrosos días en que el poder mata sin combatir. El pueblo, qué siempre da a las cosas su verdadero nombre, llamó a este supuesto triunfo matanza del Campo de Marte.