La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Volvamos a París para ver un poco lo que allí pasa.
París había oído el estruendo de la fusilería y se estremeció; no sabía bien aún de parte de quién estaba la razón o el error; pero comprendía que acababa de recibir una herida y que por ella corría la sangre.
Robespierre estaba permanente en los Jacobinos, como un gobernador en su fortaleza, y allí era verdaderamente poderoso; mas por el pronto la ciudadela popular había quedado muy mal parada, y todo el mundo podía introducirse en ella por la brecha que había dejado al retirarse Barnave, Duport y Lameth.
Los Jacobinos enviaron a uno de los suyos a tomar informes.
En cuanto a sus vecinos los Fuldenses, no habían necesitado enviar a nadie, pues recibían noticias de hora en hora, de minuto en minuto: se jugaba su partida y acababan de ganarla…
El enviado de los Jacobinos volvió a los diez minutos; había encontrado a los fugitivos y estos le habían dado una terrible noticia:
—¡Lafayette y Bailly están matando al pueblo!
No todo el mundo había podido oír los gritos desesperados de Bailly, ni tampoco ver a Lafayette arrojándose a la boca de los cañones.
