La Condesa de Charny

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El enviado volvió, pues, lanzando un grito de terror en la Asamblea, poco numerosa entonces, pues apenas se habían reunido treinta o cuarenta Jacobinos en el antiguo convento.

Entonces comprendieron que los Fuldenses harían recaer sobre ellos la responsabilidad de la provocación. ¿No había salido la primera petición de su club? Verdad es que ellos la habían retirado pero la segunda era evidentemente hija de la primera.

Y tuvieron miedo.

Aquella pálida figura, aquel fantasma de la virtud, aquella sombra de la filosofía de Rousseau que estaba pálida, se volvió lívida. El prudente diputado por Arras trató de esquivarse, mas como no pudo hacerlo, forzoso le fue quedarse y tomar un partido. El espanto se le inspiró.

La sociedad declaró que desconocía los impresos falsos o falsificados que se le habían atribuido, y que juraba de nuevo fidelidad a la Constitución y obediencia a los decretos de la Asamblea.

Apenas acababa de hacer esta declaración, cuando a través de los antiguos corredores de los Jacobinos se oyó un gran rumor que llegaba de la calle.

Resonaban silbidos, carcajadas, clamores, amenazas y cantos; y los Jacobinos, escuchando atentos, confiaban en que aquel ruido se alejase en dirección al Palais-Royal.


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