La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero el ruido se detuvo y persistió delante de la puerta baja y sombrÃa que daba a la calle de San Honorato, mientras que, como para aumentar el terror que ya reinaba, algunos de los asistentes exclamaron:
—¡Es la guardia nacional a sueldo que vuelve del Campo de Marte!… ¡Quieren demolerlo todo a cañonazos!
Por fortuna y como precaución, se habÃan puesto en las puertas como centinelas a varios soldados, y se dio orden de cerrar todas las salidas para impedir que aquella tropa, furiosa y ebria de la sangre que acababa de derramar, hiciera correr más. Después, los Jacobinos y espectadores salieron poco a poco, y la evacuación no duró mucho, pues asà como en la sala apenas habÃa treinta o cuarenta individuos, en las tribunas no se hallaba mayor número de oyentes.
Madame Roland, que estuvo en todas partes aquel dÃa, se contaba entre los últimos, y refiere que un Jacobino, al oÃr la noticia de que las tropas a sueldo iban a invadir la sala, perdió la cabeza hasta el punto de saltar a la tribuna de las señoras.
Y como madame Roland le avergonzase criticando su terror, se marchó por donde habÃa venido.
Sin embargo, como ya hemos dicho, actores y espectadores se deslizaban unos tras otros por la puerta entornada.
Robespierre salió a su vez.