La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Vamos, señor Barnave —dijo MarÃa Antonieta—, ya podéis estar contento, puesto que el rey ha seguido vuestro consejo, jurando la Constitución.
—La reina es muy amable —replicó Barnave inclinándose—, al decir que el rey ha seguido mi consejo… Si el vuestro no hubiera sido al mismo tiempo el del emperador Leopoldo y el del prÃncipe de Kaunitz, tal vez Su Majestad hubiera vacilado más para realizar este acto, el único, no obstante, que quizá salvarÃa al rey, si…
Barnave se interrumpió.
—Si pudiera salvarse… ¿no es verdad, caballero? ¿No es esto lo que ibais a decir? —añadió la reina abordando la cuestión de frente, con ese valor, y hasta podrÃamos decir con esa audacia, que le era peculiar.
—Dios me libre, señora, de hacerme profeta de semejante desgracia; y sin embargo, próximo a salir de ParÃs y alejarme para siempre de la reina, no quisiera desesperar demasiado a Vuestra Majestad, ni tampoco dejarla demasiadas ilusiones.
—¿Dejáis ParÃs, señor Barnave? ¿Os alejáis de mÃ?