La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Es muy sencillo: arrancó el escudo del brazo de vuestros amigos.
—Y me parece que un poco también la espada de manos de mis enemigos.
—¡Ay de mi!, señora, os engañáis. El golpe viene de Robespierre, y es terrible como todo lo que procede de ese hombre. Respecto a la nueva Asamblea, os arroja en lo desconocido. Con la Constituyente sabÃais contra quién era preciso combatir; con la Legislativa se debe hacer un nuevo estudio. Después, y fijaos en esto, señora, al proponer que ninguno de nosotros pudiera ser reelegido, Robespierre ha querido poner a Francia en la alternativa de elegir entre lo que nos es superior o lo que es inferior. Sobre nosotros no existe nada, la emigración lo ha desorganizado todo; aun suponiendo que la nobleza hubiera permanecido en Francia, seguramente que el pueblo no hubiera ido a buscar sus representantes entre los nobles, sino que elegirÃa sus diputados entre los que son inferiores entre nosotros. La Asamblea entera será demócrata, por más que en ella surjan algunas diferencias respecto a las opiniones.
Observábase en el rostro de la reina, que seguÃa con el mayor interés la demostración de Barnave, que empezaba a comprender y que su inquietud iba en aumento.