La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Grandes deseos tuvo de correr a las salas para volver con uno a toda costa, pero temía abandonar al herido, pensando que, bajo la suposición de que estaba muerto, cualquiera, sin mala fe, cogiera el colchón y arrojara al patio al supuesto cadáver.

Pitou estaba allí hacía una hora, llamando a gritos a los dos o tres cirujanos que había visto pasar, sin que ninguno le contestara, cuando divisó un hombre vestido de negro, acompañado de dos enfermeros, que visitaba, uno después de otro, a todos los pacientes.

Cuando más avanzaba hacia Pitou el hombre vestido de negro, más creía reconocerle; muy pronto cesaron sus dudas, y osando al separarse algunos pasos del herido para acercarse más al cirujano, gritó con toda la fuerza de sus pulmones:

—¡Eh!, ¡por aquí, señor Gilberto, por aquí!

El cirujano, que, efectivamente, era Gilberto, acudió a su voz.

—¡Ah!, ¿eres tú, Pitou? —exclamó.

—¡Dios mío!, sí, señor Gilberto.

—¿Has visto a Billot?

—¡Ah!, caballero, hele aquí —contestó Pitou, mostrando al herido siempre inmóvil.

—¿Ha muerto? —preguntó el doctor.

—¡Ay!, señor Gilberto, espero que no pero me parece que le falta poco para ello.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker